Cristóbal Sánchez encargaba una Verónica en el año 1943, al insigne escultor valenciano José Díes López, que supo plasmar en su rostro todo el fervor religioso ante la impotencia de contemplar a Jesús en su caminar hacia el Calvario.
La Verónica tobarreña es una imagen para vestir, de 165 centímetros de altura que fue encargada en 1943 y finalizada en los primeros días de marzo de 1944 en el taller de la valenciana calle del Almirante, número 3. Ese año, la Semana Santa fue en abril.
El escultor pasó factura por un importe total de 1140 pesetas, que se hicieron efectivas en Diciembre de 1943 por medio de un cheque del Banco de España de 300 pesetas a fecha de Marzo de 1944, un cheque también del Banco de España al Banco de Valencia de 400 pesetas, y el resto de 440 pesetas fueron cobradas en efectivo por Francisco Carmona. Su coste fue establecido por un total a 1100 pesetas, que sería incrementado posteriormente a 1140 para incluir los embalajes y acarreos.
Entre otras imágenes de don José Díes López podemos destacar: La Purísima (1943), Santa Cecilia (1943), La Encarnación (1950), Cristo de la Columna (1953) o el trono de Nuestro Padre Jesús Nazareno (1957).
La imagen se encuentra algo deteriorada y ante tal situación se hacen gestiones con varios restauradores y al final se deciden por uno de la capital hispalense. Allí, con una furgoneta de Servicios Sociales cedida por el Ayuntamiento, el primero de febrero se van a desplazar con la imagen José Luis Paterna, José González, José Ramón Alfaro y José Emilio Ramón, todos componentes de la Junta Directiva.
Una vez finalizada (comienzo de abril) Serafín Jiménez Pérez, restaurador de la misma, presenta a la Hermandad factura de 165000 pesetas, por el siguiente concepto: Restauración de grietas en la madera, pintura total y dorado de la moldura de la peana.
Para recogerla, con el mismo medio de transporte, se desplazan a Sevilla, José Augusto González, José Luis Paterna y su hermano Fernando, al taller donde se realizó la restauración.
Es verdad que se sanearon las grietas y se solucionó el deterioro que sufría la Verónica pero nunca llegó a gustar el nuevo aspecto de la misma por ser demasiado artificial y distar mucho de la policromía anterior a la restauración.
Detalle del rostro de La Verónica después de su restauración en 1992.
A nivel de soporte y estructural se encontraba en muy buen estado, pero la policromía estaba completamente oculta bajo un repinte integral. Para recuperar la tonalidad original se realizaron varias pruebas como, fotografías, R.X., U.V., y videos que quedaron en poder de la cofradía.
Se realizó una limpieza mecánica previa a la limpieza química con disolventes y jabones, recuperando la superficie cromática original. Se desinsectó (aunque la obra no tenía ningún ataque xilófago).
Se repusieron los estucos perdidos y se reintegró completamente el color de la peana.
Finalmente se barnizó la obra consiguiendo la reintegración cromática y protección de la policromía original.
Historia
Restauración 1992
Restauración 2009